lunes, 10 de marzo de 2014

" LA GRAN BELLEZA "




“LA GRAN BELLEZA”


   “La gran belleza” película ganadora de un Globo de Oro a la mejor cinta en lengua extranjera, está ambientada en Roma y tiene como protagonista al escritor Jep Gambardella, hombre maduro y sesentón que se plantea su trayectoria vital bajo el prisma de la decadencia.

   El film no tiene un hilo argumental al uso, no hay un núcleo o una trama que indique el desarrollo de una historia, sino al contrario, es una sucesión continua de flashes o imágenes impactantes en la retina del espectador. Es un flujo constante de surrealismo, escenas atípicas, y personajes sacados de una trastienda burlesca y cómica en una ciudad que antepone sus miserias al recurso arquitectónico del lujo y la ostentación de sus monumentos.

   El protagonista ha pasado la barrera de la madurez para entrar de lleno en sus recuerdos de juventud. Ha llegado a un punto crucial de su existencia donde su planteamiento de vida radica en la lejanía virtual y física, en la mirada impasible de quién ya no tiene nada que perder porque lo mejor de su vida ya pasó y lo tiene todo perdido. La edad dorada del pasado figura como un plasma de sueños sin resolver en un presente plagado de figuras distorsionadas por la amargura de la vejez. 

   Los fotogramas del autor tienen la distinción de una Roma histórica, la idiosincrasia de una filosofía y una oratoria marcada por unos diálogos cruciales a la hora de manifestar la línea argumental de sus protagonistas. Da la impresión de que el presente es una máscara distorsionada por una realidad desagradable, por la retórica de una belleza inexistente y de cuya búsqueda el escritor Jep Gambardella abandera como el último fin de su angustia vital.

   El director nos muestra la acidez de una sociedad mundana y superficial marcada por el sexo y la lujuria de unos placeres perdidos, contraponiéndolo a la profundidad de una Italia religiosa y reverente con sus mayores. El personaje de una monja subiendo los últimos peldaños de su vida, arrastrándose en el tiempo y mostrando la terrible decadencia de los años, nos arrastra hacia la repulsión de un espejo en el que nadie quiere mirarse y todo el mundo ansía olvidar en el bullicio imparable de fiestas y bailes dislocados.

   “La gran belleza” logra su objetivo: el último viaje del ser humano antes de exiliarse en la otra frontera, en el más allá inevitable que es la muerte, y cuyo final es el alma de esta gran película. Una maraña de personajes pseudo-intelectuales que conforman una fauna animal de espectacular fotografía. Película que sin ser una genialidad artística, sí destaca por su extrema lucidez y la sarcástica ironía de una desnudez brutal y amarga de la decadencia humana.

ROSA MARÍA VERA

viernes, 7 de marzo de 2014

ADELGAZANTES




ADELGAZANTES


   Las pastillas siempre han tenido un hueco especial en la botica de nuestra vivienda. El ciudadano medio cuando no juega a los juegos de azar, le da por el botiquín y las píldoras. Nuestra báscula mental se agiliza con la ruleta rusa del estómago. Si un ‘augur’ o un estudio de mercado arrojasen un balance del gasto farmacéutico anual por persona, sorprendería la adicción del ser humano por la medicación asistida.


   Baltasar Gracián en su oráculo manual y arte de la prudencia dice: “Dejar hacer la naturaleza allí, y aquí la moralidad”, refiriéndose a nuestra manía por las cápsulas coloreadas, cuando el arte consiste en no aplicar remedios incurables. Y es que el efecto placebo puede ser el mismo si compramos una caja de juanolas o unos comprimidos de jalea real, que ingerir píldoras para sosegar “vulgares torbellinos”.


   La obesidad tiene sus riesgos, pero una delgadez manipulada con fármacos puede ser mortal si no hay un control médico honesto y riguroso. Según la moda impuesta por modistos andróginos y modelos anoréxicas, hay que tener la esbeltez de un pararrayos o la anchura de una escoba para conseguir la categoría de estéticamente escuálidos, pero guapos a rabiar para lucir las tallas que nos venden en las pasarelas.


   Los productos adelgazantes que se acogen a la geometría vertical para hacer su agosto, -una oenegé impuesta por la alta costura y la falsa cultura del absentismo comestible- no sólo quitan el apetito sino que son nefastos para nuestro organismo. En los países tercermundistas el hambre merodea entre pequeños y adultos esquilmando una población despreocupada por el sobrepeso. Un adelgazamiento obligatorio que los gobiernos deberían subsanar erradicando a políticos corruptos que rapiñan el reparto de bienes.


   Porque la conquista humana más importante está aquí en la tierra, y el Espacio puede esperar años luz. Los que pasan hambre tienen las horas contadas, y las huellas del cansancio agotan ya nuestra paciencia.



ROSA MARÍA VERA

lunes, 24 de febrero de 2014

CARNAVAL




CARNAVAL


   Llueve, barro, agua y carencias. El carnaval es un claro ejemplo de la sabiduría popular donde se trocea la vida, el alma se rompe en jirones y clarea el alba sobre una piel trémula. Las casas se recogen sobre sí, albergan sueños, y las risotadas rasgan el aire en una ciudad que destila pobreza, hastío. 

   Canciones satíricas, humor blanco y mucho disfraz quemándonos la piel para superar el frío ánimo que nos envuelve. Y no es que obviemos la diversión, sino que ansiamos que España salga de este pozo económico envenenado. Una intrincada selva emponzoñada porque no hay luz que alumbre el final del túnel, aunque haya optimistas que confundan una farola con ese resplandor perpetuo del insomne, del que percibe la juerga como una vulgar imitación de la vida.

   El carnaval es una ilusión óptica, un despliegue de la diosa carne subyugada por unos súbditos que le rinden pleitesía. Las voces desenfrenadas, las lenguas viperinas de quién no tiene nada que perder porque ya todo está perdido en las lagunas de la memoria. El desencuentro con el poder, el moribundo que recorre el desierto sin agua y con la sed resquebrajándole las tripas. Y es que no hay razones para bailar al son del circo y sus payasos. No quiebra la risa el aire allá donde el descontrol arroja su carroña a las hienas.

   El dios Baco derrama sus vides y el frenesí de las máscaras esconde lo que la verdad asoma tras unos ojos desposeídos de lágrimas. Hay que vivir, sí, y reír en una fiesta interminable, para después olvidar entre calles desiertas, de casas que se recogen sobre sí, calladas, tras la dulce tregua nocturna donde pervive la ambrosía del ayer.

Y al alba, vuelve otra vez la penumbra, ese anhelo de luz que teje la urdimbre de los sueños.

ROSA MARÍA VERA


lunes, 23 de diciembre de 2013

JUGUETES





JUGUETES


   Hay demasiados juguetes en el mundo sin usar y otros que provocan daños innecesarios. La infancia es un valor añadido de la vida, una etapa que hay que mimar con luz alejándola de las sombras y educar con valores como el amor del principito hacia la flor que vivía en su asteroide. Ser consciente de que aquello que hace feliz a un niño no tiene que costar caro y puede resolverse como un cuento animado, una fantasía.


   La vigilancia del producto que sale al mercado vendiendo ilusiones  ahora ya es humo, una reminiscencia del pasado. La crisis, el hambre, y la paupérrima existencia de miles de hogares, plantea a las empresas del juguete la rentabilidad de un anuncio, de un objeto de deseo que muy pocos se pueden permitir. Ya no queda bien emitir un vídeo de Papa Noel junto a un trineo lleno de regalos, ni rodar un spot de juguetes inasequibles al bolsillo.


   Quizás han cambiado los roles y ahora son los padres los receptores publicitarios de los juguetes. Aquellos que todavía tienen la capacidad adquisitiva de costearse un Ipad, un rolex o la última fragancia de un famoso. Y es triste pensar que haya niños mirando el árbol de Navidad de un escaparate mientras sueñan con regalos dibujados en su imaginación. 


   La infancia es nuestra, nos rodea y sostiene nuestra alegría, y con ella no se juega porque es la principal necesitada de juguetes ilusionantes.


   El cambio climático viene acompañado de un ‘golpe social’ importante. No sólo se ha destruido la capa de ozono sino la esperanza, ante la grave percepción de una existencia basada en la pobreza de un país estigmatizado por el paro. Y conseguir que los Reyes Magos den un vuelco a la realidad económica proviene de la chistera de la solidaridad.


   “Llego tarde, llego tarde” dijo Alicia en el país de las Maravillas. Pero nunca es tarde, todavía no, y aún tenemos tiempo de paliar ese objeto de deseo que muchos niños anhelan. Ese trocito de amor que se reparte con juguetes.


ROSA MARÍA VERA


viernes, 20 de diciembre de 2013

CUENTO DE NAVIDAD



 

CUENTO DE NAVIDAD



   Llega la Navidad y qué magnífico cuento sería vivirla desde el sosiego de un estado de bienestar saludable. La tercera edad no es ninguna lacra, no es sinónimo de marginación o soledad si sabemos encontrar los medios adecuados para adaptarnos al entorno. A los más afortunados les llegará la hora de superar la barrera de la madurez y adaptarse a las nuevas tecnologías en beneficio propio. Hay que encontrar soluciones para recuperar la autoestima, fomentar la autonomía personal, y mejorar la calidad de vida de personas con disfunciones físicas, intelectuales y cognitivas.


   El acceso a Internet ofrece no sólo información, sino la posibilidad de comunicarse con usuarios afines en la red, favoreciendo la interacción social, la asertividad, y las relaciones sociales sin tener que superar barreras de inaccesibilidad. Barreras arquitectónicas en la misma vivienda que podemos subsanar con una moderna domótica: electrodomésticos adaptados, camas articuladas y grúas, apertura automática de puertas, sistema de avisos sonoros y visuales, controles por voz, y un largo etcétera de complementos para la integración del usuario en un ambiente confortable.


   La vejez no tiene porqué ser solitaria, la jubilación no comporta aislamiento si contamos con asociaciones y fundaciones donde compartir experiencias y luchar por derechos legítimos. Si pertenecemos a ese lobby de intereses comunes y empatía para conseguir apoyo legal, asesoramiento y orientación sobre recursos económicos, y diseño de actividades de ocio y tiempo libre. 


“La juventud es el tiempo de estudiar la sabiduría, y la vejez de practicarla”, dijo Rousseau. 

   Vivir, y vivir dignamente es el objetivo prioritario de cualquier edad. Y la Navidad llega con campanas de ilusión, con una ciudad engalanada y unos Reyes Magos que distribuyen regalos. Y qué mejor regalo que ese cuento de Navidad que habla de luz, luz y alegría para disfrutar de esos momentos inolvidables que nos da la experiencia de los años.



ROSA MARÍA VERA