LA MORDAZA
Mañana jueves, el presidente Zapatero convocará a los sindicatos para explicarles las nueve medidas que adoptará el gobierno para reducir el déficit público. El fin del cheque bebé, reducción del salario de los funcionarios, la no actualización de las pensiones y otras medidas drásticas como son los recortes en gastos de medicamentos, dependencia e inversión pública. Omitiendo derroches importantes como son los emolumentos del Ministerio de Cultura, del Ministerio de Igualdad y de la Vivienda, sin llegar a pronunciarse al respecto.
Porque lo que es inadmisible, es el recorte de gastos en Sanidad cuando la lista de espera de pacientes necesitados de una operación quirúrgica se ha quintuplicado por la carencia de medios en la Salud pública. Y cuando los medicamentos son genéricos en su mayoría, no siendo tan efectivos ni rápidos para enfermos necesitados de una recuperación urgente. Pero eso sí, ni reducción de asesores, subsecretarios, ministros incompetentes, o delegados autonómicos, porque ahí no hay enmienda posible.
Atrás quedó el populismo fatuo de caramelos envenenados que el pueblo recogió como la transformación de los panes y los peces. Ahora las arcas están ruinosas y jamás tuvimos una crisis tan aguda. Tanto, que el presidente Zapatero después del tirón de orejas de la Unión Europea y de medio mundo, ha dado marcha atrás y asume sus errores, sin asumirlos. Pero como la casa -España- está que arde, y hay que tener amordazados a los Sindicatos, la reunión con los líderes sindicales es vital para que éstos no insten a los ciudadanos a una movilización peligrosa.
Tanto Fernández Toxo como Cándido Méndez (CC.OO y UGT) ya han dejado caer la píldora de que una huelga general no crearía puestos de trabajo, pero que las medidas de ajuste merecen una “contestación masiva de los trabajadores”. O sea, que todo quedará en agua de borrajas: crítica por televisión para cubrir el expediente y alguna que otra reunión para contentar al personal, y que el caballo ciudadano no se desboque. Cuando en tiempos de Felipe González -líder más realista e inteligente- hubo dos huelgas generales y las protestas despabilaron al país. Lo despertaron de esta inercia maldita en la que nos envuelven como zombis.
-Que no somos títeres-.
Y hay que salir a la calle y protestar: porque no hay muertos vivientes al son de ‘la flauta sindicalista’, sino ciudadanos vivos hartos de tanta incompetencia y ninguneo.
ROSA MARÍA VERA
EL CIRCO
Se ha montado un circo mediático con la tonadillera Isabel Pantoja que viene muy bien para tener entretenido al pueblo. Es lógico pensar que la justicia actúa con celeridad en casos tan graves como el blanqueo de dinero, o el caso Malaya con varios imputados de los que de momento sólo salen a la palestra Julián Muñoz y su ex Maite Zaldívar.
Ahora se habla menos de la crisis y la gente no entiende el descenso del Ibex de un 13,6 % porque sigue las evoluciones de la cantante en su concierto hoy en Málaga, y porque le gusta ver en la picota a famosas del cuore. Si esto no fuera así, no existirían tantos programas basura donde sólo se habla de miserias, y donde la audiencia crece hasta tan altos niveles que la publicidad mueve montañas. Montañas de basura donde se critica, y donde malmeten entre matrimonios y amistades que sólo interesan a un público harto de sus propias miserias personales.
Quieren circo y que las fieras se devoren entre sí. Quieren aumentar el share con actores de pacotilla que lloran, y se pelean, para después bailar al son del director de orquesta con su peculiar batuta. Una batuta dictatorial siguiendo los dictámenes de un pinganillo oculto que mueve lágrimas y risas del rebaño de telespectadores que jalean las gracias olvidándose así de sus penas.
La televisión ya no es un medio informativo, sino un agente comercial cuyo cometido es sacar la ropa sucia a relucir y pasearla por los platós donde la gente tiene su modus vivendi. El paro afecta a la prensa, y a los periodistas que sufren un ERE, pero si cualquier famosillo sabe algún pasado indiscreto de un famoso, ya tiene su sillón seguro en cualquier programa que compre sus secretos.
Ya no hay escrúpulos ni dignidad, se perdió la vergüenza porque todo el mundo tiene un precio, y la vida está muy mala como para hacerle ascos al dinero fácil.
Hasta hace muy poco nadie conocía a la ‘princesa del pueblo’, y como siga el circo ya mismo le nombran una calle o la contrata Almodóvar o Torrente para una película de Festibar. Es lo que tiene llegar a la fama, que como te aúpen, es difícil que se bajen del burro no vayan a dejar al público sin sus ídolos de barro.
Y a todo esto el fiscal del Estado no pone reparos, y el gobierno acepta que se eche a los leones a ciudadanos indefensos ante la moviola del disparate, con programas que contravienen el derecho al honor, la intimidad, y el prestigio de personas que no quieren entrar en esa ruleta mortal.
ROSA MARÍA VERA
EL SILENCIO DE LOS CORDEROS
La política del gobierno sigue siendo de alucine. Después de terminar el Festival aquí en Málaga con un plantel de películas mediocres, las ganadoras: “Rabia” y “Bon Apetit” son metáforas de lo que sucede en el panorama político actual.
Rabia porque seguimos anclados en la ley de Murphy, y la economía no sólo va a peor sino que naufragamos, y Bon Apetit porque los recortes de 32 altos cargos y 29 empresas públicas es un aperitivo nada sustancioso para mejorar los datos. ¿Qué supone un ahorro de 16 millones de euros anuales cuando hay un 20 % de paro? Los inmigrantes que llegaron a España buscando la tierra prometida, ya están cobrando el subsidio por desempleo y las ayudas familiares. La seguridad social sigue colapsada porque quiénes cotizaban antes, ahora cotizan a través del paro.
Se abrieron las puertas de Europa y ya es raro ver en una construcción trabajando a gente autóctona: casi todos son originarios de otros países. Se impuso la mano de obra barata a tenor de la crisis, y no es cierto que la gente rechace un trabajo por indigno. Lo que es indigno es rebuscar en los contenedores de basura comida caducada, y ver las colas del INEM dar vueltas a la manzana mientras los sindicatos permanecen mudos. ¡Claro! Se han quedado sin voz de tanto defender al juez Baltasar Garzón.
Ya se sabe que hay que reducir el déficit público, pero resulta gracioso escuchar a Joan Ridao -portavoz de ERC- instar al gobierno un estado de emergencia declarando “la operación bikini” y suprimir cuatro Ministerios. Que aclare qué Ministerios hay que borrar del mapa, porque después de que Leire Pajin se muestre dispuesta a que el Senado sea una Torre de Babel y haya traductores, dando por hecho que sus señorías no conocen el Castellano, pues que supriman también el Senado. Menudo coste nos ahorraríamos…
Lo menos que se le puede exigir a un político es que hable su propio idioma, y si no es así, pues que vuelvan a estudiar y opositar, puesto que el español va por delante de cualquier otra lengua en el mundo.
Yo le recomendaría al presidente Zapatero que empiece suprimiendo a sus 70 asesores por tanto botafumeiro inútil y ‘apuesta de cine’, y a algunos miembros de su gabinete. Empezando por Leire Pajín, y Bibiana Aído, que ya se sabe que son “miembras”.
Y a ver este año con qué nos sorprenden los sindicatos el 1 de Mayo, fiesta del trabajo. Porque los parados están de fiesta permanente -o mejor dicho, sin días festivos- y quieren ver otra película que no sea “el silencio de los corderos”.
ROSA MARÍA VERA
EL HIYAB
La polémica surgida a raíz de la chica musulmana Najwa de 16 años de querer llevar el velo islámico en el Instituto -cuando antes no lo llevaba- es una clara aptitud de desafío por el patriarca de la familia. El padre, principal responsable de este revuelo y presidente de una Mezquita, quizás haya recibido instrucciones por parte de Alá o de algún miembro superior de la Yihad islámica, para saltarse las normas a la torera de la LOE, (Ley orgánica de Educación), en la que indica que cada Centro impondrá sus reglas de convivencia.
Aquí no hay discriminación de sexo ni de religión que refleja el artículo 14 de nuestra Constitución, puesto que cualquier chica marroquí puede ir por la calle con el velo Islámico. A Najwa nadie le prohíbe ir a su mezquita a rezar, estudiar el Corán, y vestirse como quiera fuera del Instituto. Nadie la coarta ni la obliga a nada, y España es un país libre donde la sumisión de la mujer por motivos de fe, e idiosincrasia de un pueblo, es una humillación que no cuadra con nuestra condición de Estado Laico y de lucha contra la violencia de género.
El término Hiyab significa “esconder” ocultar” y “separar”, y resulta algo estrambótico que a una adolescente musulmana integrada en una comunidad española se la intente señalar y “separar” dentro de su clase. Resulta irrisorio que comparen el velo islámico con un hábito de monja, o con un colgante al cuello de cruz, puesto que vivimos en España, mal que les pese a algunos. Y si un Centro veta a una religiosa dentro del aula por llevar su hábito, tendrá que acatarlo si son las normas, y buscarse otro lugar de estudio y de trabajo.
Nadie impone nada a nadie si éste no quiere. Y en este caso el padre de Najwa, -que hasta ahora había permanecido callado-, y clama al cielo de Alá por unas normas educativas que no comprende, debería ser menos rigorista y no estigmatizar a su hija con un medio que constituye un fin para sus planes radicales de hacerse ver y notar dentro de su comunidad religiosa.
Tampoco sirve la defensa de que en Marruecos a una chica española no se le prohíbe la minifalda, puesto que si estudia en un Centro marroquí acatará las normas de dicho Centro, so pena de ser expulsada o incluso de algo peor.
Otra cosa es la calle, y las formas de convivencia de cada cultura. Porque en los países árabes llevar el velo islámico -Hiyab- es una clara demostración de distinción social y religiosa. Y no es lo mismo ver a chicas marroquíes -de dudosa condición- bailando en una discoteca, de noche y vestidas de manera occidental, que ir por la ciudad enseñando piernas y escote. Si alguna mujer es tan temeraria, pagará cara su osadía, sea o no musulmana.
Puesto que en cuestiones de modernidad, ya se sabe que la religión de Mahoma es intransigente. Y la lapidación y las quemaduras en el rostro por ácido siguen vigentes con espectacular crueldad.
Así que ahora no nos den clases liberales, cuando siguen imponiendo la sumisión a su Ley, y el enfrentamiento contra Occidente.
ROSA MARÍA VERA
TÁNGER (II parte)
Al día siguiente, después de un copioso desayuno en el hotel a base de café fuerte, smen caliente (crepes) con mantequilla y mermelada, queso de cabra recién hecho, y té moruno de postre, alquilamos un taxi para visitar Tetuán, ciudad ubicada a 65 km de Tánger. Y después del tradicional regateo, acordamos un precio razonable con nuestro amable guía Ahmed, que fue de 100 dírham -10 euros- por persona con trayecto de ida y vuelta -íbamos tres-, tomamos rumbo a Tetuán en un destartalado vehículo.
Tardamos casi una hora en llegar a la ciudad por carreteras señalizadas por obras, y Ahmed tuvo la infinita paciencia de esperar una hora a que tomáramos fotos y visitara mi lugar de origen, tan emocionante y conmovedor, que desató las lágrimas de mi compañera de viaje. Tantos recuerdos vinieron a mi memoria -después de más de 20 años sin regresar a mi tierra-, que mi cámara disparaba sin cesar fiel reflejo de mi estado anímico, eufórico y soñador.
Tres horas al módico precio de 30 euros no supuso ninguna sustanciosa suma económica, pero sí un tremendo valor sentimental que jamás olvidaremos. Y regresé con el soplo espiritual del pasado, y la alegría compartida de haberme congraciado con él, y con la añoranza por tanto tiempo sin revivir una infancia y adolescencia en tierra que fue madrastra querida y territorio hostil.
Y después del torbellino y el parloteo sin cesar con Ahmed, nos adentramos otra vez en la vorágine de compras por la Medina Tangerina, seguidos por una retahíla de vendedores como séquito regio, olvidando nuestros deseos de intimidad. Relojes (breitling, Bulgary, rólex), sandalias y gafas de marca, eran el reclamo más atractivo para nuestras expectativas. El zoco con sus intrincados túneles, especias que aspiraba con fruición para retenerlas, verduras y hortalizas expuestas como joyas, y pocas mujeres que rehuían nuestras fotos tapándose la cara.
No es aconsejable que mujeres ‘extranjeras’ vayan solas, porque una anécdota curiosa le ocurrió a mi amiga que llevaba un vestido mini faldero. Paseando por el puerto, un marroquí se tiró al suelo entre sus piernas para verle la ropa interior. Y por la noche, cuando tuvimos la osadía de andar un rato mientras los hombres veían el fútbol antes de la cena, fue imposible sin llevar escoltas masculinos. Cuchilleos a nuestro alrededor, frases soeces, y cierta alergia al ver a damas solitarias, nos conminó a regresar casi corriendo al hotel. Algo curioso cuando vas a la discoteca y encuentras a chicas casi desnudas exhibiéndose ante musulmanes impertérritos.
Y es que el morbo extranjero es inigualable, y la piel clara y al descubierto, por una ciudad desierta de mujeres en la calle, excita la imaginación de los más audaces. La mentalidad árabe sigue virgen al progreso, y el fundamentalismo hacia la mujer permanece vigente. Otra cosa es el comercio, las divisas, el turismo y la prostitución consentida orillando la pobreza.
Marruecos no ha cambiado ni en el fondo ni en la forma. Es tradicional, sibilino y peligroso. Pero sigue siendo acogedor y mágico cuando oyes el canto del muecín, y sueñas con el reflejo de la luna sobre el tejado mientras los gatos maúllan al amanecer.
ROSA MARÍA VERA
CARNE ASESINA
No tiene otro apelativo más espeluznante para el asesinato cometido en Seseña de una menor de 13 años. La presunta criminal también era menor, salvo en una salvedad: su atroz y planeado crimen que la convierten en una adulta precoz. En una alimaña con sed de sangre y la maldad como segunda piel, aunque la definición no sea políticamente correcta y haya todavía algún zote que ponga el grito en el cielo.
Su página de estética gótica por Internet ya habla por sí misma de la presunta agresora. Fría, calculadora y sin escrúpulos, no dudó en llamar a la víctima desde su casa para concertar una cita en una yesera. Y allí matarla a golpes y enterrarla viva. Porque es obvio, que a Cristina la enterraron viva, con un corte en su muñeca para que se desangrara y muriera lentamente.
A efectos jurídicos siempre está la presunción de inocencia, pero aquí los hechos son tan macabros, tan infames, que la asesina, sea o no menor, no tiene derecho a una disminución de pena cuando llegue a su mayoría de edad. Está bien que la internen en un centro especial, pero me indigno al pensar que después de 6 meses prorrogables por otros tres, si el juez no termina la instrucción del caso, la dejen en libertad. Esta chica de 14 años no puede quedar en libertad hasta que se celebre el juicio. La ley del menor está mal planteada y da la impresión de que vivimos en una sociedad donde se protege más al delincuente que a su víctima.
La autora del crimen con tan sólo 14 años es una asesina que en ningún momento ha mostrado arrepentimiento por su horrendo asesinato. Es una adulta de 14 años con capacidad para matar, y si queda libre en espera de juicio después de meses de internamiento, es que vuelve a tener licencia para matar, de manera legal y acogiéndose a la ley del menor.
Asquea pensar que esta mujer -una adolescente malvada y diabólica-, sea capaz de planear un cruel asesinato y luego exija que en el centro de internamiento haya ordenador con conexión a Internet. Da náuseas que la familia de Cristina en unos meses puedan verla deambular por la calle con aspecto chulesco como si nada hubiese ocurrido. Si le dan todas estas prebendas, y para más Inri la dejan en libertad, es que la corrupción de un sistema judicial no tiene parangón. Luego vendrá su defensa alegando enajenación mental, celos, y locura pasajera. Como si la maldad no existiese, y todo fuese fruto de un juego de la PlayStation.
Alucino, y me indigna pensar que se puede derramar sangre inocente y enterrar viva a una niña, sin alterarse ni mostrar emoción alguna.
Carne asesina y carne de presidio es la autora de este crimen deleznable. Y su reinserción es un albur, cuando todavía sangra la fosa de la yesera, y ella no ha derramado ni una sola lágrima.
ROSA MARÍA VERA
TÁNGER (I parte)
Cruzar el estrecho en barco camino de Marruecos para llegar a Tánger, puede ser una odisea cuando casi todos los embarques están cancelados por culpa del temporal de viento, y hay que esperar más de cuatro horas en Algeciras. Íbamos un grupo de 20 amigos con la ilusión de realizar algunas compras, y también con el alma puesta en nuestro país de origen, tal era mi caso. Las pastillas contra el mareo proliferaron, y cada vez que alguien se movía por la cubierta del barco andaba como ebrio: dando tumbos, agarrándose a cualquier mueble, y cayéndose encima de un marroquí acostado sobre un sillón. Anécdota que me pasó pensando en el Titánic por las sacudidas del mar, y por salir al exterior para hacerme fotos.
Las olas salpicaban y rugían como dragones despiertos, y el viento era tan fuerte, que si abríamos los brazos esperando a Leonardo Di Caprio, corríamos el peligro de volar como gaviotas. Cuando llegamos al hotel eran casi las 12 de la noche -hora española- y las 10 -hora marroquí-. Y aunque todos anhelábamos comernos un cuscús moruno y tomar té con yerbabuena, a la una de la madrugada el restaurante más cercano sólo contaba con pescado fresco y kefta picante, así como un Tallin de pez espada -auténtico- que estaba delicioso.
Después vino la discoteca, y para nuestra sorpresa estaba a rebosar de chicas jóvenes muy ligeritas de ropa. Nada de burkas ni de chilabas, sino minifaldas y mucha pechera al descubierto mientras los marroquíes bebían y apenas si les dedicaban alguna fría mirada. Asombro también al pedir una copa, y pagar 6 euros cuando servían una tónica de una botella de plástico de dos litros, y un cubata tan cutre que no sabías si era ginebra o güisqui de tan aguado y sin sabor.
A la mañana siguiente, el grupo se dividió, y con un par de amigos recorrimos la Medina y el zoco, para comprar y deleitarnos con alguna musulmana adulta tapada hasta los ojos, mientras serpenteábamos por estrechas callejuelas y aspirábamos el dulce aroma de las especias. Siempre perseguidos por vendedores al pie de tiendas que mostraban todo un surtido de objetos, y nos seguían como moscardones tras la miel del turista.
Tras horas de marcha y fotos, mareados y perdidos entre puestos de pescado, y gallinas vivas enjauladas, volvimos al hotel ilusionados con una cena espectáculo de músicos y danzarinas exóticas mientras nos servían -por fin- cuscús, y que para nuestra desilusión era de pollo y no de cordero…
Y a la pobre bailarina de la danza del vientre, por más que lucía en su pecho 100 dírhams, nadie le puso un billete en el escote o en su diminuta falda como es costumbre, porque la crisis es muy dura y algunos hasta pensaron entre bromas quitarle su reclamo. Una falta de educación imperdonable para con la hermosa muchacha. Pero es difícil de explicar una tradición árabe, a un grupo disperso e ignorante -en su mayoría- de las costumbres típicas de un pueblo que no aman, y ni tan siquiera añoran.
(Continuará…)
ROSA MARÍA VERA