martes, 4 de enero de 2011

MALOS HUMOS




Ayer estaba almorzando con un amigo sueco en un chiringuito de la playa, tomando el sol en la terraza y admirando el mar quieto y azul. En la sobremesa, ambos pedimos un café y yo saqué mi primer purito del día. Temerosa por la entrada en vigor de la nueva ley y prudente ante una situación embarazosa, le pregunté al camarero si podía fumar al aire libre. El hombre azorado contestó que desconocía si podía hacerlo y que era mejor que me abstuviera.

Di la vuelta a mi silla y comprobando que había una familia con un niño pequeño pregunté:

- Señora, ¿permite usted que encienda un cigarro?

Otra mujer, sin que nadie le diera vela en el entierro, entró en la conversación y contestó:

- Yo ahora mismo saco un pitillo y me lo fumo tranquilamente. Así que usted haga lo mismo.

Aturdida alegué: con todos mis respetos pero como hay un niño cerca pido permiso a su madre.

La madre sonriente dijo: usted fume, que si yo no lo hago es porque estoy muy liada con la comida. Además en cuanto llegue a mi casa me pongo a fumar.

Asustada, miré a mi alrededor no fuese que alguien estuviera apuntando en una libreta el nombre del restaurante para denunciarlo en la página que FACUA ha habilitado para los “inquisidores”, y encendí el cigarro escondiendo la mano por debajo de la mesa. Al terminar hice desaparecer cualquier vestigio de ceniza, puesto que no había ceniceros en el exterior y no quería dejar huellas de tan deplorable crimen...

Señores, a estas alturas estoy perdida. ¿Estamos en la Habana de Fidel Castro o en la dictadura del venezolano Chávez?

Eso sí, este gobierno que mira tanto por nuestra salud no lo hace velando por los derechos fundamentales recogidos en la Constitución. Derecho a la vida sí, pero al aborto también. Derecho a la libertad sí, pero a privarnos de la libertad de fumar al aire libre también. Derecho a denunciar sí, pero derecho a la delación como espías de la GESTAPO también.

Esta cortina de malos humos queda muy bien en los titulares de la prensa extranjera, atónita ante las extravagancias de esta acémila gubernamental. Porque están creando discriminación, odio, individualismo, y un histerismo colectivo que sólo es comparable con la inutilidad de Zapatero -y adláteres parásitos- para salvaguardar el derecho al honor y al trabajo. Alentando que si las familias no pueden comer ni vivir, expulsen su furia al denunciar.

Y desde aquí propongo un boicot a la estupidez de este gobierno dirigido por incompetentes saboteadores. Eso sí, todos muy bien colocados y fumándose sus buenos puros en salones VIPS.


ROSA MARÍA VERA